• Document: EL AÑO DE LA BALLENA MARCO ANTONIO DE LA PARRA
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EL AÑO DE LA BALLENA MARCO ANTONIO DE LA PARRA 1 2 M e pueden llamar Ismael. Sé que es un nombre bíblico pero me lo pusieron por una novela de un señor enloquecido que perseguía una ballena blanca. Ismael no era ese señor. Ismael era el sobreviviente y narraba todo mucho después que es cuando narran los sobrevivientes. La novela tampoco se llama Ismael, se llama Moby Dick y es el nombre de una ballena blanca pero a mí me pareció siempre el nombre de un grupo de rock. Así le pondría a mi grupo, mi primer grupo rock. Pero supongo que cuando comenzó todo esto yo lo que más podía ser era un sobreviviente. Sé que hablo raro y supongo que es culpa de que lep mucho. O al revés. Tal vez porque hablo raro me puse a leer. Según mi tío Juan, leer no es tan raro y es una pena que cada vez se lea menos. El tiene una casa llena de libros y su trabajo es leer. No conozco otra persona que trabaje leyendo. El lee libros para una editorial, para un diario y para otra gente. Mi madre, que e$ su hermana, dice que habría sido un gran escritor y dice que tiene un cerro de páginas amontonadas. Yo no sé qué es ser un gran escritor. Solo hace poco empecé a escribir esto que no sé cómo se llama. Cuando me di cuenta que sobrevivía. Quizás escribir es como hablar debajo del agua. Quizás un gran escritor es como un buzo, como un barco pirata, como un submarino. Iodos los que escriben son sobrevivientes de algo. Mi tío Juan me dijo algo así, 3 alguna vez. Me acuerdo: «Escribir es hablar debajo del agua». Ahora me acuerdo. Es raro escribir y empezar a hablar de uno mismo igual que si uno se pusiera de pie delante del curso o del psicólogo y contase su vida, sin que siquiera te hagan preguntas: «Me llamo ksmael, todo esto me pasó el año de la ballena». No sé bien por qué empecé a escribir y no sé si a alguien alguna vez le mostraré estas páginas. No son un libro como los de mi tío Juan pero, de verdad, escribirlo hace mejor que ir al psicólogo. Quizás por eso haya tantos psicólogos: porque la gente lee y escribe cada vez menos. Yo escribo para no sentir la tormenta dentro de la cabeza, el ruido de palabras agitándose como cuervos que se levantó cuando tuve que irme corriendo al dormitorio y no desapareció hasta escribir, el estallido de la madera del barco ante el empellón de la ballena blanca atacando como solo ataca un animal herido, mi Moby Dick. La admiro, venció a todos, y por eso, yo, que me llamo Ismael, en realidad siempre estuve de parte de la ballena blanca. Es loco decirlo pero el ruido de las palabras, tan parecido al sonido del mar, te va dejando la cabeza y el corazón en silencio. 4 La cabeza yo ya la tenía rara, según mi padre, desde antes que ellos se separaran pero fue cuando ellos se gritaron en la mesa y mi hermana Claudia se levantó y le dio una bofetada a mi padre que a mí se me llenó la cabeza de ideas. No es que me pusiera a pensar cosas, sino que ya no pude dejar de sentir que había una especie de muro invisible entre lo que pasaba fuera de mi cabeza y dentro de ella. La explosión de mis padres, la energía que dejaron soltar en su partida, sus rayos de veneno, mt lanzaron por fuera de la borda y quedé ajeno, extraño. Casi sin memoria. Me decía a mí mismo mi nombre pero sentí que afuera no me conocían. O yo ya no los conocía. Ni a mi padre ni a mi madre ni a mi hermana. Quizás ni a mi tío Juan, ni a mí. Me decía «Yo soy Ismael» y no me sonaba cierto. Palabra hueca, tonta, como una campana de palo. Por eso lo primero que puse en estas páginas fue: Me pueden llamar Ismael. Uno escribe para ser alguien, primero que todo. Yo escribo para ser Ismael. Un psicólogo que me vio dijo que eso era como una escafandra. Yo, dentro de mi «campo de energía» (como le puse con mi tío que es el único que sabe de verdad lo que me pasa o casi lo sabe) pensé que ese señor con cara de amable, de quiero-comprenderte o cuéntame-todo- lo-que-quieras, como los profesores jefes, las orientadoras y los curas de confesionario, era un lobotomizado. Lo pensé así, lobotomizado, pero igual le dije que tenía razón. 5 Los lobotomizados son para mí gente que parece que habla o parece que vive pero están muertos por dentro o vacíos. Es como una vida vegetal a medias. La tele, por ejemplo, está llena de lobotomizados. Se ríen, hacen chistes. Los adultos se juntan a conversar en los almacenes, toman té con galletas o se ríen de las mismas cosas. Mi padre ya se estaba convirtiendo en un loboto- mizado. Mi madre lo hizo hace rato. Los adultos, parece que todos, tarde o temprano se convierten en eso. No son extraterrestres. No es una enfermedad. Primero son buenas costumbres, después resignación y, de pronto, ya está listo, eres un lobotomizado. En una enciclopedia del tío Juan salía que a los criminales les sacaban un lóbulo del cerebro y quedaban lobotomizados. O sea, sin ideas criminales, mansos como un gomer

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