• Document: MARUJA MALLO Y LA GENERACION DEL 27
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ROSA RUIZ GISBERT MARUJA MALLO Y LA GENERACION DEL 27 Rosa Ruiz Gisbert Escritora RESUMEN Cuando se habla o se escribe sobre la Generación del 27 suele centrarse el discurso sobre la literatura y los hombres. Es decir, se olvida que también había pintores, escultores, músicos… y, por supuesto, mujeres. Este trabajo se refiere a una de esas mujeres, pintora, que pocos a estas alturas conocen y que influyó y se dejó influir del espíritu de una generación que ha entrado en la Historia por la puerta grande. Palabras clave: Maruja Mallo, surrealismo, Generación del 27. Consuelo de la Gándara, en Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid, abril 1976) y en Servicio de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia (Madrid, 1978), se refiere a Maruja Mallo en estos términos: “Hasta hace unos años era muy difícil encontrar en los ambientes artístico-culturales del país un español menor de 35 años que conociera de Maruja Mallo algo más que su nombre”1. Afirmación que se corrobora con los casi veinticinco años que Maruja Mallo estuvo en el exilio. Será a partir de 1961, fecha de su vuelta a España, cuando trabajosamente se abrirá paso su pintura y hasta después de la muerte de Franco que se la comenzará a conocer. José Luis Ferris, en su magnífica biografía de esta mujer, transgresora donde las haya, no sólo nos muestra su vida y nos cuenta cómo logró superar todas las trabas que en los primeros años del siglo XX mantenían a las mujeres apartadas de la cultura, sino que nos acerca a su obra. Maruja Mallo, a partir de ahora, deja de ser una desconocida para pasar a ocupar el lugar que se merece en la Historia del Arte del siglo XX. Aunque haya referencias a que nació en 1909 (siempre se quitó años), al parecer la fecha del nacimiento de Ana María Manuela Isabel Josefa Gómez y González fue el 5 de enero de 1902, en Viveiro, provincia de Lugo. Pero poco tiempo permaneció en esa ciudad. Isla de2006, Isla de Arriarán, XXVIII, diciembre Arriarán — 223 pp. 223-240 Maruja Mallo y la Generación del 27 Sus padres se trasladaron varias veces de residencia, aunque hasta los once años perma- neció en Galicia. Pese a ello Maruja Mallo, la mujer, tuvo siempre una cierta resistencia a confesarse gallega y solía decir que era celta o que era internacional porque había nacido en el mundo. La adolescencia la pasa en Avilés. El Avilés de principios de siglo no era el que luego sería unas décadas más tarde. En esta ciudad comenzaría su contacto más serio con la pintura en la Escuela de Artes y Oficios, llegando a despertar la atención de sus padres: don Justo Gómez Mallo y doña Pilar González Lorenzo. Dio a conocer sus primeros trabajos en la II Exposición de Arte Avilesino (1922), donde expuso catorce obras. En Madrid, a diferencia de Barcelona, en el año 1922 no se conoce la pintura de van- guardia. A pesar de que la capital ofrecía un mundo deslumbrante lleno de posibilidades, las circunstancias sociales no eran favorables a las mujeres. Eminencias como Gregorio Marañón y Ortega y Gasset consideraban “antinatural” el que una mujer se dedicara a otros menesteres que no fueran el bordado y la cocina. A las mujeres se las señalaba como “inferiores mentales” por los intelectuales liberales de la época y se especulaba con las posibles consecuencias nefastas para las que se salían del patrón preconcebido, a saber: esterilidad, lesbianismo o bisexualidad. El erudito González Blanco afirmaba: “Lo peor que le puede pasar a una mujer es que se libere, pues la liberación la conducirá al vicio”. Más adelante, mujeres como María Zambrano, Rosa Chacel y la propia Maruja Mallo, fueron consideradas como “hombres”. El citado González Blanco, entre otras teorías lamentables, sostenía que las mujeres excepcionales eran sencillamente hombres2. El modelo femenino que Maruja Mallo representaba choca con lo establecido. Es tras la Primera Guerra Mundial cuando se produce una evidente transformación en la mujer, pero en 1922 aún no se acepta por una sociedad tan anclada en el pasado y tan provinciana como la española que la mujer pueda colocarse a la misma altura que el hombre. Ana María Manuela Isabel Josefa Gómez y González recorre todo Madrid, pasa tar- des enteras en El Prado y otros museos. Va a las verbenas y a las fiestas de los barrios, se mezcla con la multitud y pinta. Es a partir de 1922 cuando toma el segundo apellido de su padre y ya firmará como Maruja Mallo todas sus obras. Es

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