• Document: EL SECRETO DE MI ABUELA
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EL SECRETO DE MI ABUELA Esa noche no había podido dormir, me tocaba ir a casa de mi abuela. Con ella me pasaba horas y horas hablando, me contaba todas sus experiencias, todas sus historias y me ayudaba cuando tenía algún tipo de problema. Esta vez presentía que iba a ser diferente, mejor que ninguna, que iba a descubrir algo que ella nunca me había contado. Por eso tenía unas ganas locas de ir, pero ¡cómo no! Mi hermano de 15 años, dos más que yo, tenía que tardar más que nunca. Tardó en vestirse, en recoger su habitación y en fregar el desayuno, estoy convencida de que era para hacerme saltar y enfadarme. Aunque por muchos intentos no lo consiguió no, esta vez no. Al cabo de media hora llegamos por fin a casa de mi abuela. Subimos hasta su piso y como siempre la encontramos en la cocina preparando su maravillosa paella, ya típica en esa casa. Mientras mis padres charlaban en la cocina con mi abuela, y mi hermano se ponía a ver la tele como un auténtico aburrido, yo me fui a la sala de estar a ver algunos álbumes de fotos que mi abuela ya me había enseñado muchas veces, pero que aún así, me gustaba verlos a mí sola. De repente, giré la mirada y encontré una extraña caja, una caja que nunca antes había visto, diferente. No dudé ni un segundo en abrirla, empecé a quitar la cinta que la cubría, luego el papel de periódico que protegía su interior y entonces noté pequeños bultos duros, como si de metal se tratase. Estaba a punto de descubrir lo que había, cuando la familiar voz de mi hermano Juan dijo que teníamos que ir a comer. Durante la comida no podía parar de pensar qué podía haber allí, qué cosa me había estado ocultando mi abuela durante todos estos años. No lograba entender cómo es que nunca me había fijado en esa caja, o quizás es que la caja nunca antes había estado allí. Terminé de comer y rápida como una bala, como nunca había corrido, con una adrenalina que pocas veces había sentido así; salvo cuando Juan me montó en una atracción que daba vueltas sin parar, pero ésa es otra historia; me dirigí a la habitación. Por fin conseguí ver lo que albergaba en su interior. Me quedé atónita ante aquel descubrimiento: un montón de trofeos se encontraban allí, algunos pequeños y muy desgastados, otros grandes y muy bien cuidados. Empecé a sacarlos todos, había un centenar de ellos y cuando ya creía que la caja estaba totalmente vacía, lo encontré. Era una vieja foto, estaba carcomida por la humedad y rota por algunos lados, como si alguien hubiera querido quemarla años atrás. Miré la foto y vi a mi abuela, sí, a ella, vestida con equipación deportiva, con top y mallas ajustadas. Se encontraba encima de una especie de pódium, si es que eso se puede considerar como tal. En la parte posterior de la foto, había una dedicatoria que decía: “Para la mejor atleta del momento, con cariño Asafa Powel”. Inmediatamente reaccioné y me di cuenta de que mi abuela había sido una atleta de élite, había ganado muchos premios y una gran fama. Pero... ¿Por qué había estado ocultándomelo todos estos años? ¿Qué problema había en que yo lo supiera? Me surgieron todo tipo de preguntas de las cuales tenía que encontrar una respuesta inmediatamente. Sin pensármelo dos veces, acudí a mi abuela. Como era habitual después de comer, la encontré tomando el té en el sofá, y me dije que ahora era la oportunidad perfecta para interrogar a mi abuela. Me encaminé hacia el salón y me senté a su vera. Durante unos segundos, que se me hicieron los tres segundos más largos de mi vida, pensé en cómo empezar la conversación. Al cabo de un tiempo dije… -Abuela, tengo que escribir una redacción para el colegio sobre algo relacionado con la adolescencia. -¿Ah, sí? -preguntó ella- me encantaría ayudarte cariño. -He estado pensando escribir sobre el deporte, ya sabes, el atletismo tiene gran importancia en mi vida. Noté que por un instante mi abuela se ponía cada vez más roja, como si algo en su interior se hubiese despertado y quisiera salir. De repente, soltó una carcajada y me empezó a decir... -¿Sabes? El atletismo es un deporte muy bonito, como todos, pero éste en especial tiene algo, algo que ninguno más tiene, puede ser porque únicamente dependes de ti, o por la gran deportividad que existe. Pero una cosa está clara, una vez que empiezas ya no lo puedes dejar, te engancha, te enamora. Es una sensación única, algo que te quita todos los males, que te permite desahogarte en los momentos malos y disfrutar de todos los buenos. De repente hizo una pausa. -Abuela sigue, me está encantando -dije yo con entusiasmo, me estaba quedando asombrada con su relato. -En fin… -continuó mi abuela- el atletismo es algo alucinante. -Abuela, ¿cómo sabes todo eso? -pregunté. -Mira hija, a los 13 años tuve la oportunidad de meterme en un equipo de atletismo. Al principio lo odiaba porque no tenía tiempo de estudiar, ni de quedar con mis amigos y llegaba mu

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